Hielo, del oso de peluche a la botarga…

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Desde la butaca…

Por: Juan Manuel González Hernández

Cuando uno se enfrenta a algo diferente a la clásica puesta en escena donde somos meramente espectadores para convertirnos en participantes, cuesta trabajo hablar de lo que sucede en la historia, porque nos convertimos en juez y parte.

Así me siento ahora que quiero hablar de Hielo, versión libre de Eduardo Yribarren, y dirigido por Marco Vieyra, a partir de la obra Bajo hielo, de Falk Richter.

Y es que el público acompaña a los actores en el escenario, donde se desarrolla una conferencia de introducción para aspirantes a un puesto de trabajo en una empresa multinacional.

Aquí es donde el introvertido Pablo Nadie, uno de los personajes, explota y saca sus traumas que carga desde la infancia, al considerar que todo mundo lo ignora, así como el miedo que siente al enfrentar nuevas situaciones en su vida personal y profesional, por lo que en estas circunstancias se imagina cubierto por una gruesa capa de hielo que lo protege de la adversidad.

Es aquí donde se plantea un juego escénico interesante, al desdoblar al personaje de Pablo Nadie como adulto-joven y en su etapa de niño, con las actuaciones de Francisco Rubio y Adrián Herrera Mundo, respectivamente; así, el adulto justifica sus temores y el infante evade su realidad.

“Recordando, añorando, existiendo en descomposición, pero en estado de conservación bajo hielo”, acotan el la introducción a la obra.

A esta dupla, se suma la pareja de Aurelia Espejito y Carlos Brillo de Sol, interpretados por Adriana Llabres y Giuseppe Gamba, quienes son jóvenes ejecutivos de la transnacional, verdugos y padres de Pablo.

El trabajo actoral de Adrián Herrera es de reconocerse, pues la historia de vida del personaje, así como el desenvolvimiento actoral, no es tan sencillo y logra transmitir sus emociones como juego o como crítica.

Respecto a Francisco Rubio, lo veo desenvolverse mejor en teatro que en televisión, considerando las características propias de ambos medios. En esta obra juega con el personaje de tal manera que hace de Pablo Nadie un hombre que a pesar de estar deprimido conserva un toque de diversión. Hay momentos en que la intensidad de su personaje va aumentando y logra puntos interesantes de emotividad sin caer en la sobreactuación.

Adriana Llabres y Giuseppe Gamba soportan muy bien esta puesta con su trabajo actoral y corporal. Por momentos parecen ser personajes grises, pero en su oportunidad, específicamente en sus monólogos, logran cautivar al espectador. Rompen el hielo con los asistentes de manera que cuando uno menos se lo espera, ya está formando parte activa en esa conferencia ficticia.

Un detalle que me llamó la atención fue la metáfora del oso, como juguete de peluche y como botarga, que se convierte en hilo conductor del personaje de Pablo como niño y como adulto.

Al salir de ver Hielo, que se presenta de viernes a domingo en el Teatro Benito Juárez, me sentí como si en verdad hubiera asistido a una entrevista de trabajo, pensando en lo que soy y en lo que puedo hacer; y si eso es suficiente para enfrentar un empleo o la vida.

Ojalá extiendan temporada porque solamente está programada para el mes de julio.

Espero sus comentarios aquí o en twitter: @JuanManuelGH. Nos encontramos la próxima semana, con más de lo que se ve en teatro… Desde la butaca.

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