Salomé, el capricho de una mujer…

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Desde la butaca

Por: Juan Manuel González Hernández.

Irene Azuela pálida, despeinada y con el labial rojo intenso corrido, manchándole parte de la mejilla, así aparece la actriz en carteles, espectaculares, en la cartelera teatral y en los programas de mano, una manera perfecta de sintetizar la obra Salomé.

En varias entrevistas, la protagonista ha manifestado que la anécdota es sencilla, pero cuando uno asiste al teatro, reconoce que la forma en que once actores la llevan a escena resulta impresionante.

De la pluma de Oscar Wilde surge esta versión de una joven caprichosa que fue despreciada por el profeta y pide su cabeza, a cambio de una danza. La belleza de los diálogos y la forma en que los actores les dan vida, provocan y envuelven al público en la historia.

A lo largo de la historia desfilan personajes que representan un mundo lleno de frivolidad, desinterés y burlas por sus gobernados, donde el amor y la compasión son sentimientos devaluados ante la ambición y los placeres.

En este contexto, Irene Azuela echa mano de su experiencia y físico para dar vida a una adolescente atrevida, que se sabe deseada por los hombres. La forma en que aborda su personaje es de una convicción tal, que al principio genera cierto encanto entre el público por sus actitud ingenua y caprichosa; ya al final, después de un arrebato, se gana la aversión de algunos asistentes.

La escena en la que baila la danza de los siete velos es una coreografía que, aunque intensa y con movimientos fuertes, no deja de ser sensual.

Por su parte, Leonardo Ortizgris, en su papel de Jokanaán, el profeta, se entrega de tal manera al personaje que no le importa arrastrarse por el piso, mojarse en la fuente y ser sometido a los jalones de cadena con las que está sujeto por el cuello, manteniendo siempre la tensión de su personaje.

La experiencia actoral de José Sefami y Aída López se pone de manifiesto, pues él, con el personaje de Herodes, y ella como Herodías, entablan una lucha de poder que desencadena el trágico final.

Américo del Río, Fernando Memije, Daniel Haddad, Adonay Guadarrama, Harding Junior, José Carriedo y Héctor Berzunza son el resto del elenco que, con personajes muy bien delineados, se convierten en cómplices de esta trágica historia de Salomé, dirigida por Mauricio García Lozano.

La escenografía de Jorge Ballina, una concha con fuente al centro, conjuga varios elementos que cumple con las necesidades dramáticas de la historia, y es a la vez terraza de un palacio, baños y calabozo. Con el acertado diseño de iluminación de Ingrid Sac, que realza las escenas de diversión, pasión y hasta locura de los personajes.

Oscar Wilde escribió esta obra en 1891, basado en un pasaje bíblico. Así, la puesta en escena que se presenta en el Teatro Helénico se complementa visualmente con un vestuario diseñado por Mario Marín del Río, que fusiona la moda de finales del siglo XIX con un toque moderno.

Seguro ocurre en cada función el prolongado y merecido aplauso del público para todo el elenco y producción de Salomé. El día que asistí, los artistas regresaron tres veces al escenario para recibir la ovación.

Espero sus comentarios aquí o en twitter: @JuanManuelGH. Nos encontramos la próxima semana, con más de lo que se ve en teatro… Desde la butaca.

Fe de erratas: en la publicación de la semana pasada comenté que El rey león está basado en El rey Lear, de William Shakespeare. Ofrezco una disculpa, porque el musical es una adaptación de Hamlet, del mismo autor inglés. Gracias.

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