Extraños en un tren, de caballos blancos y negros…

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Desde la butaca…

Por: Juan Manuel González Hernández

Basada en la novela de Patricia Highsmith y en la película de Alfred Hitchcock, Stangers on a train, se presenta en el teatro mexicano la puesta en escena Extraños en un tren, la historia de dos hombres que se conocen en un viaje a Texas y de este encuentro inesperado uno de ellos determina un trato peculiar.

La obra lleva en los roles estelares a Luis Roberto Guzmán y Luis Ernesto Franco, quien alterna funciones con Héctor Kotsifakis (éste último actuó en la función que acudí), en los personajes de Carlos Bruno y Paul Heines, respectivamente.

Este es un thriller policiaco, con unos personajes psicológicamente complejos, teniendo como punto de partida una cita de Platón que se refiere a la Alegoría del carro alado, donde hay dos caballos: uno blanco que simboliza la voluntad y uno negro que simboliza los deseos en los seres humanos. De ahí, la condición de las personas de llegar a realizar acciones movidos por la pasión más que por la razón.

Con esta premisa, el personaje de Bruno presiona a Heines a cometer un acto que le provoca un conflicto emocional y que lo perturba el resto de la historia.

Luis Roberto Guzmán logra momentos interesantes a lo largo de la obra, sobre todo en situaciones de humor negro, pero sí me hubiera gustado verlo con más fuerza para persuadir a todos los personajes que lo rodean. Por su parte, Héctor Kotsifakis mantuvo la atención del público al reflejar el tormento de su personaje y mantenerlo en una evolución constante.

Considero que el segundo acto es el mejor trabajado, cuando aparece en escena el personaje de Bruno Edgar, interpretado por Salvador Pineda, quien descubre el pacto siniestro de los protagonistas. También es aquí donde el papel de Sylvia Pasquel toma fuerza y realiza una escena muy interesante cuando descubre que ha sido víctima de su propio hijo.

Claudia Álvarez en el personaje de Ana hace un buen trabajo pues hace que se cambie la percepción de su personaje de ingenua enamorada a una mujer firme que da fuerza a marido para enfrentar su error y superarlo.

La puesta en escena se apega a la estética de la cinta filmada en 1951, de hecho la estructura que simula la estación del tren es muy parecida a la que aparece en la historia filmada por Hitchcock. De igual manera, el vestuario y mobiliario se apegan lo más posible a este filme.

Como espectador, da la impresión de estar viendo la película, pues la mayoría de las escenas son cortas y mantienen buen ritmo. Además de que la musicalización y efectos de luz nos remiten precisamente a esas tramas detectivescas de los años cincuenta.

 Extraños en un tren es una buena opción para disfrutar en estas vacaciones. Se presenta en el Telón de Asfalto., que por cierto las instalaciones se adecúan muy bien a la puesta en escena. Consulte cartelera porque hay funciones especiales en esta temporada.

Espero sus comentarios aquí y en twitter @JuanManuelGH y ya saben que los espero la próxima semana con más de lo que se ve en teatro… Desde la butaca.

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